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Cultura

Charlas con Toni Puig Picart

Gestor cultural en administraciones públicas catalanas.

Al pasar por Buenos Aires en ocasión de un seminario dictado en el Centro Cultural Rojas fue entrevistado por Susana Reinoso. El texto de la entrevista figura en el libro “Se acabó la diversión: la cultura crea y sostiene ciudadanía”, Libros del Rojas,  2001.




En la actualidad, ¿la cultura subsume a la educación?

Son dos caras de una misma moneda. Hay que volver a la cultura del pensar y comprender. Los políticos y gestores culturales nos hemos equivocado al unir la cultura con diversión, cuando deberíamos haberla unido a la educación para mejorar la vida personal y de la colectividad. Nos hemos decantado por lo fácil, lo efímero, lo grandioso, y no por lo que es constante, como trabajar en un barrio durante años con la gente. Es más fácil montar un espectáculo al que van 5.000 personas, que un grupo de teatro con mujeres, en un barrio. Nos hemos dedicado a montar espectáculos y hemos sido más managers que creadores de ciudadanía. Pero toda esa grandiosidad no se podrá mantener.

Buenos Aires tiene una profusa oferta cultural. ¿Puede eso leerse como una tendencia en materia cultural?

Hay unas cuantas tendencias en gestión cultural en estos días. Hoy, la cultura es lo más importante de las ciudades, porque los ciudadanos se encuentran cada día más solos, piensan que las ciudades son inseguras, no tienen claro su futuro y quieren sentirse acompañados en su vida. Podríamos hacer una lista inmensa de las cosas que el mercado no puede resolver. Aunque tengamos mucho dinero, hay cosas que no se compran. Sentirnos acompañados, sentir que tenemos una visión compartida de la ciudad, un proyecto de la vida, de que Buenos Aires es la casa común de todos sus habitantes desde todas sus diferencias, es algo básico que crea cultura. Lo importante no son los ciudadanos que visitan centros culturales, sino los que no van. ¿Qué desean esos ciudadanos? ¿Qué esperan?

Desde la cultura ¿qué es hoy esencial?

Lo más importante no es tanto los productos culturales, las programaciones, los discos, los libros, sino las ideas de civilidad, de ciudadanía que hay detrás de esos productos…

En otra entrevista con Diego Rosemberg el catalán nos habla de los mega eventos:

Las políticas culturales pasaron del estímulo de las vanguardias en los 60, a los mega eventos de los 90. ¿Este recorrido fue beneficioso o perjudicial para las sociedades?

Efectivamente, hemos pasado de la artisticidad de la cultura, donde lo importante eran los artistas, a la cultura para salir en los medios de comunicación, la de los grandes eventos. Ni lo uno ni lo otro. Lo que debemos hacer es crear ciudadanía, con los artistas y la complicidad de los medios de comunicación. Estimular los consumos masivos, el espectáculo, desde el Estado es una estupidez; quienes lo hacen han perdido el sentido de lo público. Son políticos y gestores que deberían estar en el sector privado, que facilita productos para el ocio, la diversión. Magníficos algunos. Pero la cultura es otra cosa. Puede ser divertida pero no es diversión.

¿Y qué es la cultura?

Crear ciudadanía activa, creativa, solidaria, cohesionada. Tampoco la cultura es tener muchos artistas que creen. Los artistas tienen que crear, pero su creación es para que tengamos una vida y una ciudad más vivible. Con más humanidad. Si la tuviéramos que definir –y a mí no me gustan estas cosas- es el sentido que pactamos para vivir nuestras vidas en las ciudades. ¿Qué sentido tiene vivir en estos momentos en Buenos Aires? Ésta es la cultura que ustedes van a moldear.

Los funcionarios dicen que organizan grandes eventos culturales para que acceda gente que no podría hacerlo de otra manera.

La cultura del mega evento es una tontería absoluta. Tirar el dinero en eso es impresentable. El presupuesto está para cosas que sean indispensables para la vida de los ciudadanos. Si la cultura es solamente para hacer eventos, vacíos, bonitos, para que la gente lo pase bien, que se quede en su casa viendo la televisión. Hemos confundido la cultura con lo espectacular. Ese dinero, en cambio, es muy importante si lo dedicamos para que los ciudadanos encuentren una mayor profundidad en su vida y un sentido en vivir en comunidad. Entonces, todo el dinero es poco. Yo tengo tres principios: no haga usted en el gobierno todo lo que puede hacer una empresa; lo que pueda hacer una asociación de ciudadanos, tampoco lo haga; invierta mucho sólo en las cosas que puede hacer usted, como el construir ciudadanía, por ejemplo.

 
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