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Sociedad

El federalismo ausente

Martín Cincunegui

 

Deseable y de manual es que en un país federal el poder no estuviera centralizado. Sin embargo la realidad que podemos detectar nos muestra un país fuertemente estatizado y con base en un todopoderoso Estado Nacional donde la figura del presidente tiene el manejo de ese poder.  Basta leer las cifras que importan para interpretar el grado de federalismo existente (o no existente); básicamente, datos respecto de donde va el dinero.

Con un gasto de gobierno que representa el 47% del pbi nadie podría hablar de un manejo espartano del dinero. Al contrario la presión tributaria es creciente y eso lleva a las provincias a recibir menos de la nación y a su vez al aumentar impuestos y gravámenes dejar menos margen de maniobra en los municipios -el punto de contacto más directo con la población, con los gobernados-.

Y cómo se reparte la torta “federal”? El 75% se lleva la nación, un 20,5% las provincias y algo más del 5% los municipios. Y hay 2.300 municipios!

Hay mucho camino por andar. Para cubrir las necesidades de crecimiento, infraestructura y contención social hace falta hacerlo desde la vía menos propensa al desvío: desde un federalismo que arranque a nivel local.

Con el dinero de las recaudaciones en más manos y con el control del votante más cercano al gobernante hay menos riesgos de corrupción generalizada como un negocio de cada día. Mucho por llevar al cauce del federalismo. En un arranque de optimismo podríamos hablar de que al menos estamos en un país lleno de desafíos. Un país donde lo que se daba por sentado quedo  pendiente de realizar.

 

ALGUNAS REFLEXIONES ACERCA DE LA CONVIVENCIA

Por Martin Cincunegui

A veces la vida se nos complica innecesariamente por la gran cantidad de reglas, disposiciones y procedimientos que envuelven cada actividad en nuestras vidas como ciudadanos. A éstas podemos sumar mandamientos, convenciones y modas, para ver la gran cantidad de códigos escritos (y de otros que se van imponiendo por repetición )  que también condicionan nuestro accionar en el marco social y de la familia. Por eso tal vez fue que me sorprendió una amiga artista cuando me comentó los “cuatro acuerdos toltecas” (en medio de una de esas conversaciones de café en las que pretendíamos arreglar el Planeta),  que ella describió como una serie de reglas para la convivencia de una tribu. Me sorprendió, en especial, por su increíble simpleza. Una especie de remanso en el torbellino de códigos que se hacen inabarcables.

Un acuerdo basado únicamente cuatro reglas! Sin embargo, su alcance era suficiente para armonizar la convivencia en una tribu. Demás está decir que, en la medida que iba reflexionando en cada acuerdo pensaba en las implicancias personales que podría tener adoptarle.

Investigando un poco más sobre sus orígenes surgió que eran un ensayo escrito por un médico mexicano: Miguel Ruiz. Éste médico basado en la sabiduría de los antiguos toltecas elaboró los cuatro acuerdos que relatan la visión que debería tener un ser humano para estar en equilibrio personal. Cuenta cómo los cuatro acuerdos nos pueden conducir a un camino más sensato, libre y dictado por el corazón.

Los cuatro acuerdos son:

1-   Honra tus palabras: si no las honras no te estás honrando a ti mismo.

2-   No tomes a nada como personal: en la medida que alguien te quiere lastimar, es en esa medida esta persona se lastima a sí misma.

3-   No supongas: si tienes duda, aclárala. Si sospechas, pregunta.

4-   Haz siempre lo máximo que puedas: si siempre haces lo máximo que puedes, nunca podrás arrepentirte de nada.

   
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